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La utopía de las burbujas temporales ante el curso más complejo de la historia

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ACB Liga Endesa La opinión de Nacho Duque

Varios jugadores pelean por un rebote durante un encuentro de la Liga...
Varios jugadores pelean por un rebote durante un encuentro de la Liga Endesa.
ACB Photo.

Las burbujas se han confirmado como el entorno más seguro para disputar una competición. Como es inviable que duren nueve meses, se podrían haber hecho temporales, aunque para eso se necesitaba paz en el baloncesto europeo.

En la Liga Endesa no ha comenzado la segunda jornada y ya se han tenido que aplazar cuatro encuentros debido a positivos por COVID-19. Cuando un partido se suspende, toca buscar un hueco en el calendario que permita reubicarlo cuanto antes. Los tres primeros, pertenecientes a la jornada que estrenaba la competición, se recolocaron rápido. Cuando comiencen las competiciones europeas puede ser complicadísimo. En la ACB ‘sólo’ hay 12 clubes que jugarán por Europa, con sus viajes y sus agendas comprimidas al máximo. Esta temporada, no me gustaría trabajar como delegado de un equipo.

La única manera que se ha demostrado segura para disputar una competición con la máxima normalidad que permite el COVID-19 es dentro de una burbuja. Lo han confirmado las exitosas experiencias de la Fase Final Excepcional de la Liga Endesa en Valencia y, por ahora, de la NBA en Disney World. Hasta el fútbol, con más dinero y más recursos que ningún otro deporte, tuvo su lunar -enorme- en el caso del Fuenlabrada.

Pero meter a los equipos en una burbuja de nueve meses es inviable, claro. Por razones físicas, pues hay quien juega dos competiciones y la ciencia aún no permite estar en dos lugares al mismo tiempo. Y también mentales, pues alguno se volvería loco allí dentro. La única solución para poder desarrollar los partidos con una relativa normalidad sería la creación de burbujas temporales y que cada torneo modificara sus sistemas de competición para readaptarlos a la realidad.

La Liga Endesa, por ejemplo, podría jugarse durante tres semanas, como en Valencia, con los equipos repartidos en dos burbujas, luego habría 15 días en los que cada uno podría irse a casa y en las tres semanas posteriores se disputarían competiciones europeas en otras burbujas. Quienes no participen en torneos internacionales seguiría entrenándose en casa con la posibilidad de disputar amistosos para no perder el ritmo. Se repetiría el proceso hasta finalizar el curso.

La Euroliga Femenina ha modificado su sistema de competición y ha creado esas burbujas temporales para poder llevar a cabo la temporada. Parece mejor que estar aplazando partidos toda la campaña, dándolos por perdidos 0-20 a los equipos que no puedan reubicarlos y desconcertando al aficionado, que no sabrá de qué jornada es cada encuentro. El problema es que en las competiciones masculinas está en juego mucho dinero. Los patrocinadores quieren cuantos más partidos mejor. Además, para hacer algo así, el baloncesto europeo debería estar en paz: que la Euroliga, la FIBA y las Ligas nacionales se llevaran bien para dar una vuelta total (y temporal) a los calendarios. Pero olvídenlo. Ni para salvar la temporada más incierta de la historia se pondrían de acuerdo. Es una utopía.

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Fuente: MARCA https://www.marca.com/baloncesto/acb/opinion/2020/09/22/5f69fd65268e3eb93c8b458f.html

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