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Platón y el alma secreta de las cosas

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Actualizado:16/09/2020 00:38h Guardar

En una cita ya clásica, apuntaba Alfred Whitehead que «la filosofía es una serie de notas al pie de página de la obra de Platón». No le faltaba razón porque las ideas del sabio griego han marcado no sólo la historia del pensamiento sino que además siguen generando debates en el presente. Ahí está el mito de la caverna, que es una permanente referencia sobre la condición humana. No es exagerado decir que Platón ha sido el filósofo más influyente de la historia. Todo empieza y todo vuelve siempre a su extensa y poliédrica obra, que se ha conservado íntegramente gracias a la Academia que él fundó y que mantuvo su actividad durante ocho siglos hasta que fue clausurada por el emperador Justiniano.

Antes de profundizar en su legado, hay que explicar quién fue Platón porque es imposible entender su doctrina sin conocer al hombre. Se llamaba Aristocles y había nacido en el seno de una familia aristocrática de Atenas, emparentada con Solón. Vino al mundo en el 427 antes de Jesucristo y su infancia y su adolescencia se desarrollaron durante la Guerra del Peloponeso, con una ciudad sitiada por la peste y los espartanos. La derrota traumatizó a Platón, el mote por el que era conocido por sus anchas espaldas. Su tío y su primo formaron parte del comité de emergencia, llamado el de los Treinta Tiranos, al que se recurrió para gobernar una potencia en claro declive militar y comercial. Los tiempos de gloria cuando los griegos habían derrotado a los persas en Salamina ya sólo eran un recuerdo lejano, trasmitido por sus abuelos.

Platón fue uno de los discípulos predilectos de Sócrates, cuyas enseñanzas y su ejemplo influyeron decisivamente en su obra. También estudió los trabajos de Heráclito, Parmenides y Pitágoras, sin los cuales es imposible entender los cerca de cuarenta Diálogos en los que formuló su doctrina con fines didácticos. En realidad, el filósofo ateniense siempre creyó en la superioridad de la palabra hablada sobre la escritura, pero optó por resumir su pensamiento en unos textos accesibles para los alumnos de la Academia, entre los cuales se encontraba Aristóteles. Los Diálogos están maravillosamente escritos y en ellos aborda una enorme variedad de temas: el amor, la piedad, la ética, el alma, el lenguaje, la naturaleza, el cosmos, la organización política y otros muchos.

Una realidad inmutable y eterna

Platón veía con enorme desagrado la influencia de los sofistas en el panorama intelectual griego. Igualmente, aunque reconocía el valor simbólico de los mitos, creía que eran un producto de la superstición. Por ello, desdeñaba a Homero, al que consideraba un fabulador de historias sin fundamento. Su obsesión era desarrollar una pensamiento metafísico que explicara la realidad de forma racional y, muy especialmente, las relaciones entre el mundo de lo sensible que perciben nuestros sentidos y el dominio espiritual de las ideas y la ciencia.

Ya Pitágoras había enunciado que existen relaciones numéricas en los fenómenos naturales. Platón fue mucho más allá y sostuvo que el mundo que observamos a través de nuestros ojos, las cualidades con las que se muestran los objetos, son la expresión de ideas o formas puras que existen más allá de este mundo. Esas ideas están jerarquizadas y en lo más alto de esa pirámide se halla en Bien. Todo lo bueno que nos sucede en la vida es el reflejo de ese Bien superior, que no es una entelequia metafísica sino que tiene una existencia real.

No es el pensamiento el que sirve para abstraer la realidad, sino que es la realidad inmutable y eterna de las formas puras lo que determina el pensamiento. Por ello, conocer es recordar lo que ya está grabado en nuestro alma inmortal desde que nacemos. Hay una realidad en sí y por sí de las ideas y todo los que nos rodea participa en mayor o menor medida de esas esencias. Llegados a este punto, Platón introduce la figura del Demiurgo, que es una especie de Dios que ordena una materia indeterminada y conforma nuestro universo con la argamasa de las ideas. El Demiurgo, llegará a decir, es la causa eficiente de la realidad sensible, es el agente que evita el caos e introduce el orden en la naturaleza.

Relegado a esclavo

El idealismo filosófico que ha conformado la historia del pensamiento occidental parte de esta concepción platónica, refutada posteriormente por Aristóteles. Pero resultaría imposible entender a pensadores como Kant y Hegel sin haber leído a Platón, que distinguía entre la opinión (doxa) y el verdadero conocimiento (episteme), una observación de extraordinaria actualidad. Platón creía que eran los filósofos quienes deberían gobernar la «polis», una sugerencia que no le gustó al tirano Dionisio de Siracusa, que le relegó a la condición de esclavo. Pero el ateniense logró evadirse de Sicilia para fundar en la segunda mitad de su larga vida la Academia ateniense, que era no sólo un lugar donde se estudiaban las ciencias sino en el que además se practicaba un estilo de vida basado en la austeridad y en la virtud. Hay que leer a este gigante de anchas espaldas cuya luz sigue iluminando el presente.

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Fuente: ABC https://www.abc.es/cultura/cultural/abci-platon-y-alma-secreta-cosas-202009160038_noticia.html

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