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En las calles con los ‘hooligans’ antifascistas del fútbol brasileño

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26/06/2020 13:55Actualizado: 26/06/2020 14:02

“¡No vamos a retroceder ni un paso! ¡Aquí hay democracia!”. El grito de Emerson Márcio Vitalino, un joven negro de 35 años, resonó en el centro de São Paulo el pasado 31 de mayo, cuando se echó a la calle para defender las instituciones democráticas junto a un grupo de hinchas antifa del club de fútbol Corinthias. Enfundado en una camiseta con la cara estampada de Malcolm X, Emerson se enfrentó a grito pelado a un grupo de neonazis que llevaban banderas de los extremistas ucranianos. Casi a la misma hora, decenas de millares de personas protestaban contra el asesinato de George Floyd en numerosas ciudades de los Estados Unidos.

Sin embargo, las manifestaciones de los forofos antifascistas de Brasil comenzaron dos semanas antes de este acontecimiento y por una razón distinta: disputar las calles a los grupos de bolsonaristas radicales que cada domingo, desde el inicio de la crisis del coronavirus, se manifiestan en las principales ciudades del país pidiendo el cierre del Parlamento y del Tribunal Supremo y la vuelta de la dictadura militar a través del Acto Institucional Nº 5, el AI-5. Es el decreto que en 1968 otorgó poderes especiales al presidente de la República, suspendió varias garantías constitucionales e inauguró una era de censura y tortura de los disidentes políticos.

En muchas ocasiones, los manifestantes recibieron en Brasilia el apoyo explícito del presidente Jair Bolsonaro, algo que ha creado tensión entre los tres poderes. En plena pandemia, la presencia entre pancartas antidemocráticas de la máxima autoridad del país más afectado de América Latina por el convid-19 ha generado un discreto malestar. Analistas y políticos de la oposición critican tanto el talante autoritario del mandatario, como su empecinamiento en ignorar las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, generando aglomeraciones a su paso.

El mismo día en que Emerson se jugaba el tipo en el centro de São Paulo, un grupo de radicales que se hace llamar ‘los 300 de Brasil’ desfilaba en la Plaza de los Tres Poderes, el corazón político de Brasilia, con antorchas y capuchas. El acto estaba claramente inspirado en las procesiones del Ku Klux Klan. Sara Winter, la líder de ‘los 300’, que en realidad no llegan a reunir ni a 30 miembros, es una exactivista de la organización feminista Femen. En un pasado bastante reciente fue abiertamente antibolsonarista, pero ahora está al frente de una milicia armada que defiende a capa y espada al presidente

El 15 de junio, Winter fue arrestada por orden expresa el Tribunal Supremo y acusada de varios crímenes, entre ellos participar en actos antidemocráticos y amenazar a un juez de la máxima instancia jurídica del país. Además, el campamento de los 300 instalado desde hace unas semanas en la Plaza de los Tres Poderes fue desarticulado. Sin embargo, la firme aunque tardía reacción del Supremo no elimina la radicalización del ambiente político.

Aires extremistas

En Brasil el número de extremistas de derechas crece por momentos. Solo en el mes mayo fueron creadas 204 nuevas páginas web con contenido neonazi, según un informe de Safernet, una organización que promueve los derechos humanos en la red y que vigila sitos radicales. Su conclusión es que existe una estrecha relación de causalidad entre lo que dice o hace el presidente Bolsonaro y la radicalización en las redes. “Es innegable que las reiteradas manifestaciones de odio contra las minorías realizadas por miembros del Gobierno de Bolsonaro han empoderado a las células neonazistas de Brasil”, aseguran los portavoces de Safernet.

Otro estudio de la antropóloga Adriana Dias revela que en Brasil habría al menos 334 células neonazi activas. Esta investigadora de la Universidad Estatal de Campinas lleva más de una década estudiando la actuación de estos grupos radicales en la llamada ‘deep web’, la parte oscura de Internet que esconde sitios con fines delictivos o contenido ilegal. Su conclusión es que entre 2007 y 2019, de 150.000 neonazi brasileños se pasó a 500.000, frente a una población de 210 millones.

En 2019, cuando el estudio de Dias empezó a ser citado por la prensa brasileña e internacional cada vez con más frecuencia, la presencia de radicales de extrema derecha parecía un asunto de poca importancia en un país donde aquel año la violencia mató a 41.635 personas y la policía a 5.804. Pero una serie de acontecimientos aceleraron la deriva hacia la extrema derecha del actual Gobierno.

Simpatizantes de Jair Bolsonaro, reunidos en otro campamento denominado '300 de Brasil', en la Plaza de los Tres Poderes, en Brasilia. (EFE)Simpatizantes de Jair Bolsonaro, reunidos en otro campamento denominado '300 de Brasil', en la Plaza de los Tres Poderes, en Brasilia. (EFE)
Simpatizantes de Jair Bolsonaro, reunidos en otro campamento denominado ‘300 de Brasil’, en la Plaza de los Tres Poderes, en Brasilia. (EFE)

En enero el Secretario de Cultura, Roberto Alvim, divulgó un video en el que plagiaba literalmente fragmentos de un discurso de Joseph Goebbels, el ministro de Propaganda de Adolf Hitler. “El arte brasileño de la próxima década será heroico y será nacional. Será dotado de grande capacidad de envolvimiento emocional y será igualmente imperativo […] o entonces no será nada”, dijo con solemnidad Alvim a las cámaras. En el fondo, podía escucharse la ópera Lohengrin de Richard Wagner, el compositor favorito del Führer.

Las reacciones fueron tan demoledoras que Bolsonaro tuvo de relevar al secretario, un cargo que fue creado tras la supresión del Ministerio de Cultura, en el ámbito de una férrea cruzada contra el “comunismo” y el “izquierdismo” que el presidente ultraderechista pretende erradicar de universidades e instituciones culturales.

El coqueteo con el simbolismo neofascista y neonazi no terminó allí. A finales de mayo, Bolsonaro bebió un vaso de leche durante una de sus habituales conexiones en directo en sus redes sociales. La explicación oficial fue que estaba apoyando la Asociación Brasileña de Productores de Leche. Pero varios observadores lo interpretaron como un mensaje subliminal a favor de la supremacía blanca. Su gesto incluso fue imitado por el bloguero bolsonarista Allan de Santos, al mismo tiempo que pronunciaba la enigmática frase: “Los entendedores entenderán”.

Pocos días después, el mandatario brasileño publicó en su cuenta de Twitter un video de un anciano italiano que citaba frases atribuidas al líder fascista Benito Mussolini. “En un minuto este viejo italiano resumió lo que pasamos a día de hoy”, escribió Bolsonaro.

Los flirteos de Bolsonaro con los extremista y su participación en actos contra las instituciones han suscitado una avalancha de críticas incluso entre expresidentes como Fernando Henrique Cardoso y Luiz Inácio Lula da Silva. “Es lamentable que el presidente adhiera a manifestaciones antidemocráticas. Ha llegado la hora de unirnos alrededor de la Constitución contra toda amenaza a la democracia. Es un ideal que debe unir civiles y militares, ricos y pobres”, escribió Cardoso en su cuenta de Twitter. “La misma Constitución que permite que un presidente sea elegido democráticamente posee mecanismos para impedir que conduzca el país al desmoronamiento de la democracia y a un genocidio de la población”, afirmó Lula da Silva.

Hinchas antifas en las calles

Curiosamente, los grupos de hinchas antifas han sido las únicas organizaciones de la sociedad civil que hasta ahora han plantado cara a los extremistas de derechas. “Las hinchadas de los grupos de fútbol luchan a favor de la democracia y de un Estado de derecho desde 1964, cuando en Brasil empezó la dictadura militar”, recuerda Bernardo Sicsu, economista y profesor de 72 años, que también es miembro de la asociación ‘Esquerda Rubro Negra’, ligada al equipo carioca Flamengo. “El fútbol es una forma de ocio y de cultura popular de por sí muy democrática. Por eso, decidimos reunir a un grupo de hinchas de todos los clubes para luchar contra el fascismo que predica el odio, la violencia y la exclusión”, añade.

Estos grupos de forofos también reivindican una vuelta al fútbol más inclusivo y popular, en contra de la elitización que culminó con la reforma del estadio de Maracaná realizada en vísperas de los Mundiales de 2014 para cumplir el padrón impuesto por la Fifa. “Hoy Bolsonaro parece intencionado a transformar Brasil en una Italia de la época de Mussolini o en una Alemania de la época de Hitler. Por esa razón estamos viendo el surgimiento de un apelo antifascista entre los hinchas”, señala Sicsu.

El estadio de Maracaná, vacío por la pandemia del covid-19. (EFE)El estadio de Maracaná, vacío por la pandemia del covid-19. (EFE)
El estadio de Maracaná, vacío por la pandemia del covid-19. (EFE)

En 2014, después del fatídico Mundial en el que Brasil perdió contra Alemania por un 7-1 que traumatizó el país, nació el grupo Torcedores pela Democracia (Hinchas por la Democracia) con la idea de aunar a forofos progresistas de varios equipos de fútbol de Río de Janeiro. “Los movimientos neonazi siempre fueron muy pequeños aquí, pero ganaron notoriedad con el actual presidente, también gracias a la nueva simbología adoptada, como el vaso de leche o la música de Wagner. Ellos saben perfectamente a quién a está direccionado este discurso neonazista”, señala Ronaldo Tavares.

“Nosotros estamos viendo todo eso, mientras que los grandes medios de comunicación no están incluyendo estos temas en el debate. No nos queda más remedio que tomar la iniciativa para defender la democracia. Aunque estemos en el medio de una pandemia, no podemos dejar las calles a los radicales de extrema derecha. Hay que dar una respuestas a estos actos antidemocráticos”, agrega este miembro de Torcedores pela Democracia para justificar la decisión de programar contra-manifestaciones en medio de la emergencia sanitaria.

Aunque estemos en el medio de una pandemia, no podemos dejar las calles a los radicales de extrema derecha

En una coyuntura política en la que la izquierda brasileña aparece cada vez más fragmentada e incapaz de vertebrar un programa común a favor de la democracia, los grupos de amantes del fútbol están lanzando su grito de socorro, unidos en la calle a pesar de su rivalidad en el campo. “Es una semilla democrática que está brotando espontáneamente. Los hinchas han conseguido entender lo que está aconteciendo en Brasil y lo están canalizando”, asegura Sicsu.

Algunos de los antifas entrevistados citan incluso la desigualdad social y la endogamia de las castas políticas para explicar el incipiente papel político de los hinchas. “Los grandes poderes como el Tribunal Supremo son constituidos por una camada de la sociedad que goza de privilegios inimaginables en los países europeos, empezando por los salarios. Ellos no hacen nada para la ciudadanía”, afirma un miembro del grupo político Flamengo da Gente, que prefiere mantener el anonimato por causa de las amenazas recibidas.

Los hinchas, en cambio, representan las clases más populares y excluidas, y son ellos los que salen de las periferias para luchar contra el fascismo

“Los partidos de izquierdas, por su parte, están totalmente institucionalizados y solo luchan contra los actos antidemocráticos a través de acciones legales, que casi nunca prosperan. Los hinchas, en cambio, representan las clases más populares y excluidas, y son ellos los que salen de las periferias para luchar contra el fascismo”, continúa este joven flamenguista, que vive en una favela.

“En su mayoría, los hinchas son jóvenes de la periferia, que acaban siendo víctimas de un sistema elitista. En las hinchadas siempre hubo personas politizadas, ligadas a movimientos contrarios a la dictadura militar”, matiza Leandro Bergamim de Democracia Corinthiana, una asociación progresista.

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“Nuestra organización siempre se manifestó políticamente contra demandas específicas. Por ejemplo, hace unos años apoyamos en los estadios a los profesores en sus reivindicaciones. Siempre tuvimos un histórico de lucha, pero la convocatoria de ahora para protestar en las calles se debe a la actual situación. Los hinchas están viendo a sus amigos morir por el covid-19 y no aguantan más el descaso del Gobierno en relación a la pandemia”, añade Bergamim.

Siguiendo el ejemplo de Donald Trump, Bolsonaro ha acusado a los antifas de ser grupos terroristas. Esta actitud ha suscitado un debate entre los grupos de hinchas sobre la oportunidad de seguir protestando en plena pandemia y corriendo el riesgo de ser criminalizados por el Gobierno. “Si salimos a la calle y hay enfrentamientos, alimentamos el fascismo. Si solo nos quedamos en casa y dejamos que el fascismo se apodere de las calles, el fascismo crece. Entonces no nos queda otra alternativa que seguir luchando”, concluye Tavares.

Fuente: El Confidencial https://www.elconfidencial.com/mundo/2020-06-26/ultras-antifa-futbol-brasil-bolsonaro_2646871/

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