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La gran siesta alemana o por qué se ha convertido en un país sin ambición

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16/02/2020 05:00

Cuando Annegret Kramp-Karrenbauer (AKK) anunció su dimisión como líder de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) el pasado 10 de febrero, un rumor en forma de pregunta empezó a expandirse por Berlín: ¿significará esto el fin de la impopular Gran Coalición?

Sin embargo, pronto estuvo claro que el proverbio alemán “Totgesagte leben länger” (“los muertos viven más tiempo”) está basado en la realidad. El matrimonio forzado entre la CDU, su partido hermano bávaro la Unión Social Cristiana (CSU) y el Partido Socialdemócrata (SPD) no solo ha sobrevivido a una votación muy justa sobre la coalición entre los miembros del SPD, a un choque existencial entre la canciller Angela Merkel y el ministro del interior y líder de la CSU Horst Seehofer, sino que también ha perdurado a la elección de dos dirigentes izquierdistas del SPD que durante su campaña pedían la salida inmediata de la coalición. Tal y como ha remarcado recientemente un miembro del Bundestag, esta versión de la coalición ha vivido en estado de emergencia desde el primer día.

Se ha anunciado la muerte de la Gran coalición tantas veces que uno está prácticamente seguro de que los tres grupos parlamentarios llegarán hasta el final. Tanto la CDU como el SPD tienen un problema de liderazgo: no saben a quién podrían poner al frente en caso de que se adelantara la carrera por la cancillería. Además, el apoyo en las encuestas a los conservadores y a los socialdemócratas ha tocado un nuevo suelo, mientras que Los Verdes siguen en la cresta de la ola. Dado que también hay un miedo extendido de que Alternativa por Alemania (AfD) sea cada vez más popular y radical, es fácil entender por qué ambos partidos consideran que adelantar las elecciones sea un suicidio político.

La gran siesta alemana

Esto también tiene implicaciones problemáticas para la política exterior alemana. Desde el principio, la Gran Coalición ha estado sobre todo preocupada de mirarse al ombligo. Quedan poco de aquel espíritu que capturó a la política exterior alemana durante los años que siguieron la Conferencia de Seguridad de Munich en 2014. En aquellos días, parecía que Alemania había empezado por fin a entenderse a sí misma, aunque solo fuera de forma dubitativa y muy por debajo de su potencial. Lenta pero definitivamente, Alemania empezaba a decirle adiós a su rol como “free rider” e “importador neto” de seguridad aumentando sus compromisos internacionales. Finalmente, Berlín parecía dispuesta a asumir cierto nivel de responsabilidad por la paz mundial y la seguridad internacional proporcional a la posición que tenía como el país más grande y más poderoso de Europa.

Sin embargo, en el momento en el que se formó la Gran Coalición (si no antes), empezó a ser evidente que este proceso de ajuste en política exterior se había acabado. Daba igual el ‘shock’ en el orden internacional liberal del que Alemania depende, que Berlín no sentía ninguna urgencia. En su lugar, parece que los alemanes han apretado el botón de la siesta mientras el resto del mundo cambiaba, el poder duro reemplazaba al derecho internacional y aumentaba el número de conflictos que acaban con soluciones militares.

Queda poco de la defensa que hacían en otros gobiernos previos de coalición la CDU, la CSU y el SPD de una política de seguridad y defensa más ambiciosa. Al contrario: las nuevas ideas en política de defensa se han vuelto muy controvertidas dentro de la actual gran coalición. En vez de usar la oportunidad para analizar los objetivos de políticas de seguridad alemanas que se deben perseguir a la luz de nuevas amenazas – o de nuevos compromisos que se han hecho y cuáles son los recursos que se deben usar- el gobierno está atascado en discusiones que recuerdan a los primeros años de la década de los ochenta, centrándose en la “militarización” del país y de la posible “carrera armamentística”. Como consecuencia, algunas decisiones como la del reemplazo de los aviones de combate Tornado están congeladas.

El futuro no es bueno

La dimisión de AKK empeorará aún más las cosas. La disputa por el liderazgo en la CDU -que en realidad es un desacuerdo enorme por la dirección política del partido- extraerá más energía que antes. La Gran Coalición seguirá siendo una especie de gobierno en funciones sin visión y ni grandes ambiciones. Otros estados miembros deberían disminuir cualquier esperanza de la Presidencia Alemana del Consejo de la UE – aunque una Alemania introvertida pueda ser preferible a un país en elecciones mientras la UE negocia el próximo Marco Financiero Multianual y su futura relación con el Reino Unido-.

Además, AKK es una de esas pocas figuras políticas que se atreve a posicionarse fuera del agotador ‘status quo’ en política exterior. Incluso aunque sus propuestas tampoco fueran siempre muy convincentes o acertadas – por ejemplo, su idea de establecer una zona de seguridad internacional en la frontera entre Turquía y Siria – ella al menos se atrevía a buscar soluciones a los problemas que otros habían dejado atrás. Ella ha basado sus ambiciones políticas en lo que adelantó al mundo en la conferencia de 2014 en Munich. Ella ha dicho una y otra vez que los alemanes no pueden permanecer a un lado y que necesitan cumplir sus promesas, como la de gastar el 2% del PIB en defensa.

Parece que AKK se va a quedar en el gobierno como ministra de Defensa, al menos hasta que aguante la Gran Coalición. En el lado positivo, la retirada de AKK del liderazgo del partido le permitirá centrarse en su ministerio, ahora que no tiene que enredarse en peleas de partido. Sin duda, el Bundeswehr se beneficiará de esto. Sin embargo, visto el debate de la política exterior, de seguridad y de defensa – o la falta de él- las ambiciosas ideas de AKK tendrán menos resonancia. Sus propuestas no serán las de una futura candidata a canciller, sino la de una antigua líder que tuvo que dimitir. Y esto, seguro, disminuirá su autoridad en el gobierno.

Por ahora sigue abierta la carrera para sucederla como líder de la CDU. Las opciones más obvias incluyen a Armin Laschet, ministro presidente del Estado Federado de Renania del Norte-Westfalia; el ministro federal de Sanidad Jens Spahn; y Friedrich Merz, el antiguo soldado en el exilio anti Merkel que quedó segundo en la carrera por el liderazgo de la CDU en 2018. En el pasado, Laschet ya se ha desvinculado de la estrategia de la CDU en Rusia y Siria, mientras que Merz y Spahn se han alineado con las tradiciones transatlánticas, europeas y liberales del partido en política exterior.

Pero la gran pregunta es: ¿cuál de los candidatos estaría abierto a una coalición con -y sería aceptado por- Los Verdes? Porque es urgente y necesario una nueva coalición que pueda rejuvenecer la política exterior alemana.

*Análisis publicado en el European Council on Foreign Relations por Jana Puglierin y titulado ‘The slow death of ambition: German foreign policy after Kramp-Karrenbauer’s resignation’.

Fuente: El Confidencial https://www.elconfidencial.com/mundo/europa/2020-02-16/alemania-akk-merkel-europa-futuro_2454615/

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