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Tiwintza desde la mirada de la artista Manuela Ribadeneira

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Quito –

Aquella tarde del 7 de enero, tal como había pronosticado el Inamhi, el sol hacía de las suyas en Quito. Los asistentes, protegidos por las gruesas paredes del museo, en un recorrido guiado, forman un semicírculo, dejando a Tiwintza en el centro. Entonces, Manuela Ribadeneira, artista ecuatoriana y dueña de la muestra, dice: “Ustedes recordarán cuando hubo la guerra con el Perú y Ecuador, los cuatro países garantes votaron por la tesis peruana, no por la ecuatoriana. Como un gesto hacia Ecuador decidieron entregarle un kilómetro cuadrado de selva en aquel lugar llamado Tiwintza y fue simbólico, porque Tiwintza fue una victoria militar un par de años antes. Vale recalcar que es en propiedad privada, mas no soberanía, así que si alguien nace en Tiwintza, es peruano, no ecuatoriano”. “Esta es una réplica exacta”, prosigue, señalando una obra a escala que representa ese kilómetro de selva.

La pieza es como una selva en miniatura, con sus árboles, palmeras y más vegetación. Está montada sobre ruedas y permanece en el piso, junto a otras obras que conforman la sala: Territorios.

Vale recalcar que Tiwintza es un territorio de selva donde solamente se puede acceder en helicóptero militar o caminando muchísimas horas, con autorización del Perú, entonces, tienen todo un elemento de absurdo y de irrealidad…, dice Ribadeneira.

La exposición, que reúne 40 piezas dispuestas en cuatro salas temáticas, se llama Objetos de duda y de certeza 2000-2019, y recoge 20 años de trabajo de Manuela Ribadeneira. Se inauguró el 14 de diciembre y se prolonga hasta el 19 de abril, en el Centro de Arte Contemporáneo, un edificio construido, sobre 15 000 metros cuadrados, en 1900.

Se construyó como el Sanatorio Rocafuerte, ahí, se albergaba a enfermos de tuberculosis y fiebre amarilla. En 1922 se convirtió en cuartel militar, la Artillería Bolívar N. 1 participó en la Guerra de los 4 días.

En 1936 se convirtió en el Antiguo Hospital Militar hasta 1937. A partir de ahí, el edificio fue abandonado. En 1992, se restauró el ala sur, con una inversión de 2 millones de dólares. Muchas cosas pasaron hasta que, finalmente, en 2011, toma el nombre de Centro de Arte Contemporáneo. El ala norte, aún no se restaura.

La mayoría de piezas tienen una serie de invocaciones históricas a periodos históricos particulares, que tienen varias anécdotas detrás. Alguna vez dijo Manuela que las piezas tienen una capa que es política, una capa que es poética y una capa que es personal, dice Rodolfo Kronfle, curador de la exposición.

“Creo que las tres categorías de las que habló Rody (Rodolfo) es lo que aspiro… me interesa encontrar lo poético en lo político, lo político en lo personal y lo personal en las dos otras categorías, entonces, son maneras de pensar y maneras de vivir este tipo de cosas. Si es que ustedes pueden encontrar esas categorías en las piezas, me hacen, encima de todo, feliz”, dice la artista.

El público no deja de sorprenderse de las piezas y de las explicaciones. Cada obra tiene contexto, historia, una razón de existir. Nada es al azar, todo se complementa y se sostiene con sólidos argumentos.

Muchos coinciden en que la “Partícula de dios” es su pieza favorita. Se trata de un objeto de bronce, de 4 cm., de alto, pero con un enorme significado.

Ustedes recordarán que hicieron el experimento más grande del mundo, expone Manuela, es el colisionador de hadrones que, construyeron debajo de Suiza y Francia, para descubrir el bosón de Higgs y era, sobre todo, para recrear el origen del universo.

Esta pieza sale de un hecho absolutamente real, prosigue la artista, en el momento en que la máquina y miles de científicos estaban listos, hubo un pequeño incendio en una de las paredes del colisionador y tuvieron que paralizar todo. Luego de muchas investigaciones, descubrieron que, en uno de los pequeñísimos ductos de ventilación que salían a la superficie, una paloma había encontrado una miguita de pan y la dejó caer y eso causó el incendio. Entonces, esta pieza es la miga de pan, esta hecha en bronce y me interesa que sea entendida como la Partícula de dios con minúscula, porque no es de un solo dios, sino de todos los dioses, explica Manuela.

En las cuatro salas encontramos piezas con títulos como: Aquí se hace lo que digo yo, Fortalezas, Para perder la cabeza, by Danton. Las tejedoras, Cortes y recortes, El chivo expiatorio, El mundo esta patas arriba y muchos más que están ahí, esperando ser vistas.

Creo que mi primer amor, no son las artes visuales, en realidad, creo que mi primer amor es la literatura, las letras, las palabras, entonces, siempre estoy circulando, curiosamente más en ese mundo y me vuelvo una especie de coleccionadora por no decir coleccionista de palabras y frases. Me interesa leer la prensa y escuchar atentamente lo que dicen los políticos, las personas. Muy a menudo, frases que escucho, se vuelven títulos de diferentes piezas, cuenta la artista.

La última pieza de la exposición, es otra frase, de Manuela, reflejada en la pared, es otro tipo de esa fantasmagoría que usa en algunas piezas. La frase esta activada por la luz, pero una vez que la luz se apaga, la frase y el mensaje se desvanecen y es un Borra y va de nuevo, dice Rodolfo.

“El terminar una exposición que recorre 20 años con una pieza que dice Borra y va de nuevo, porque eso de alguna manera resume una sensación, no sé si es de Rody, pero, ciertamente, mía ahora, me toca el va de nuevo”, concluye Manuela. (F)

Fuente: EL UNIVERSO https://www.eluniverso.com/entretenimiento/2020/01/12/nota/7686156/tiwintza-mirada-artista-manuela-ribadeneira

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