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El fútbol que tapó el Muro

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La caida del muro de Berlin 30 aniversario de la caída del Muro de Berlín

La Caida del muro de Berlin: el fútbol tras el muro
La Caida del muro de Berlin: el fútbol tras el muro

La RDA fue una auténtica potencia deportiva que brilló, sobre todo, en disciplinas del ámbito olímpico. El fútbol no atendía a su interés, principalmente porque no era un terreno en el que su perfecto sistema de dopaje pudiera producir éxitos con tanta seguridad. Al fin y al cabo, el fútbol era algo más que correr o saltar. Sin embargo, era un deporte con mucho tirón en Alemania Oriental. Era el divertimento del pueblo y, como tal, necesitaba de una especial atención por parte del régimen comunista. Además, se jugaba todas las semanas.

Y entre sus máximos fanáticos se encontraba el jefe de la Stasi, el servicio secreto de la RDA, que sí veía en el fútbol otra forma de engrandecer al país. Erich Mielke se empeñó en fundar un equipo bajo la estructura del de SV Dynamo, una Asociación Deportiva bajo control de la Stasi para que el Berlín oriental tuviera un equipo. Se trataba de la capital y era inconcebible que no fuera así. De esta forma nació en 1966 el SC Dynamo Berlin, cuyo parto ya trajo consecuencias propias del régimen: obligó al traslado del mítico Dynamo Dresden a Berlín, aun a costa del poco agrado de muchos de sus futbolistas.

El Magdeburgo, con la Recopa que ganó en 1974 al Milan

Aunque sus inicios fueron dubitativos, el equipo terminó dominando la Oberliga con puño de hierro. Era cuestión de tiempo que ganara. En total, encadenó 10 títulos consecutivos entre 1979 y 1988. Algo ya se debía oler los jugadores del ‘nuevo’ Dynamo de Dresden cuando, en 1978, celebrando el campeonato el propio Mileke bajó al vestuario para decirles que a partir de ese momento el campeón sería el Dynamo Berlín. El jefe se había cansado de esperar a que su equipo ganara.

Tales éxitos no fueron simplemente porque Mielke lo llenara de estrellas. Había árbitros que trabajaban para la Stasi, así como muchos jugadores. También ocurrían casualidades un tanto sospechosas pero que nadie se atrevía a denunciar, como el hecho frecuente de que futbolistas que a la jornada siguiente iban a jugar contra el Dynamo fueran expulsados. Es famoso el penalti pitado en el minuto 95 del último partido en la Oberliga de 1986, contra el Lokomotiv Leizpig, que le dio el título.

Pese a su éxito en la liga local, nunca tuvo una gran repercusión en los torneos continentales. Ese lugar lo ocuparon otros equipos de la Oberliga. Sobre todo el Magdeburgo, el único club de la Alemania Oriental que ganó un título europeo, al conquistar la Recopa de 1974.

Pese a la importancia que se le dio al fútbol, el Estado veía con rabia y preocupación cómo muchos aprovechaban el deporte rey para tratar de saltar al lado occidental. Especialmente conocido fue el caso de Lutz Eigendorf, el ‘Beckenbauer del Este’, que huyó a Kaiserlautern y que acabó siendo asesinado en un supuesto accidente de tráfico. También el de Jurgen Sparwasser, jugador del Magdeburgo que ganó tres Oberligas y la citada Recopa, que metió el famoso gol de la victoria de la RDA a la RFA en el Mundial del 74. Tras convertirse en ídolo del país, la propaganda del Estado vendió que le hicieron de oro, algo que él negó tiempo después. Huyó en 1988 aprovechando la disputa de un partido de veteranos en Alemania Occidental.

Para Mielke, el que huía era un traidor y si era futbolista, no había compasión. Pero también se tuvo que controlar a los aficionados. El estadio del propio Dynamo de Berlín sólo se permitía llenarse a la mitad. El motivo es que se encontraba muy cerca de una franja de muro y, para evitar deserciones, el fondo más cercano a esa zona era ocupada por policías y militares.

En algunos casos, aficionados salpicados por la euforia que desata el fútbol, cometían imprudentes actos de rebeldía, demostrando su animadversión al régimen y apoyando a los clubes de la otra Alemania, como fue el caso de Helmut Klopfeisch. Estuvo vigilado durante años e incluso fue interrogado. Nunca pasó a mayores, pero el gobierno se cobró su venganza. En 1989, antes de la caída del Muro, le concedieron pasar al Oeste, algo que llevaba solicitando años. Eligieron el momento perfecto, justo cuando su madre estaba muy enferma. Pidió una prórroga, pero no se la dieron. O ahora o nunca. Eligió irse. Cinco días más tarde su madre falleció y el gobierno de la RDA no le permitió volver al entierro.

La Oberliga no cayó inmediatamente junto al Muro. Aguantó dos años más, el tiempo suficiente para organizar una reestructuración del campeonato alemán. Una fusión que realmente fue el acta de defunción de la mayoría de equipos del lado oriental, incapaces de soportar las exigencias económicas y la retención de sus figuras, ansiosas por jugar en clubes del Oeste. El Hansa Rostock, el Dynamo Dresden y poco después el Energie Cottbus aguantaron unas temporadas.

A día de hoy sólo hay en la Bundesliga un equipo representante de aquel fútbol, el Unión Berlín -recién ascendido- que, curiosamente, apenas tuvo relevancia en aquella Oberliga que dominó su rival vecino. Existe otro equipo del lado oriental, el RB Lepizig. Sin embargo, este club nada tiene que ver con aquel pasado ya casi extinguido, ya que pese a tener la sede en una ciudad que estuvo en el lado comunista, se fundó en 2009 de la mano del ‘capitalismo’ de Red Bull.

El resto de clubes vagan por la catacumbas del fútbol alemán. También, en este sentido, el Muro se llevó consigo cualquier vestigio futbolístico.

Fuente: Marca https://www.marca.com/futbol/futbol-internacional/2019/11/09/5dc5ad61ca4741011e8b45c2.html

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