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Turistas no deseados: un fenómeno sin control

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La llamada economía social que ha disparado formas no tradicionales de viajar y alojarse al hacer turismo, pero al mismo tiempo sacó a flote las diferencias entre privilegiados y desventajados.

La Organización de Naciones Unidas del Turismo Mundial (UNWTO, por sus siglas en inglés), estimó que para 2018 hubo 1.4 billones de viajes. Los costos de los boletos y los métodos no tradicionales de alojamiento, como Airbnb, facilitan los viajes. Pero, no para todos, pues quienes viven en países en desarrollo deben sortear todo tipo de obstáculos para poder vacacionar fuera de sus fronteras. Es así como la aparición de los begpackers muestra la disparidad entre los viajeros con recursos para ir a países con menos alcance económico (pero que igual son turísticos) y los que quieren hacer el viaje, pero sorteando aduanas xenófobas y hasta maltratos en los aeropuertos.

“Es un fenómeno que cada vez se da más y se viene dando hace unos diez años, se podría decir. Y es bastante interesante, porque demuestra mucho los privilegios que tienen algunas personas a la hora de viajar. Como tal, los begpackers son mochileros que viajan de países privilegiados a países necesitados y básicamente viven de la caridad o de la limosna, de personas que les quieran dar para poder continuar su viaje. Es básicamente financiarte tu viaje basándote en la caridad, pero sobre todo, basándote en tus privilegios”, explicó a Metro el arquitecto residente en China y viajero por 12 años, Dan Gamboa. Este sostuvo que resulta extraño encontrar a estos viajeros en países desarrollados.

“Sucede más que todo a la inversa. Y para muchos locales resulta insultante que para viajar a Europa o a estos países hay que hacer todo un proceso de visado y migración. Y por supuesto, si llegan a hacer esto en los países de los begpackers, son deportados. Pero una persona de Europa, Australia, etc. puede fácilmente ir a uno de estos países, pedir dinero y básicamente no le pasa nada”, sostuvo Gamboa.

Sin embargo, ya hay países como Bali que decidieron no dar cobijo a estos viajeros. Al viralizarse la indignación, ya hay hasta begpackers famosos, como el infame turista alemán Benjamin Holst, al que se le conoce en varias zonas de Asia como “el hombre de la pierna hinchada” (tiene macrodistrofia lipomatosa).

Este infame turista cometió fraude en Tailandia, al reclamar que le robaron su dinero y pasaporte. La ayuda que recibió la gastó en alcohol y prostitutas. La indignación llegó al punto que en el país hubo una campaña para deportarlo. Luego fue a Filipina también a pedir limosna y terminó de igual forma expulsado. Holst fue detenido hace tres años en Indonesia. Así como él, hay otros turistas que están atraídos por la fama y los imaginarios de varios países donde hasta incurrren en prácticas ilegales, pensando que no les pasará nada. Pero los países huéspedes ya han comenzado a tomar acciones.

#MedellinIsNotYourBitch

El turismo ya representa el 10% del PIB mundial y hay ramas especializadas que incluyen el sexo. Se ofrecen desde cruceros hasta viajes swingers, entre otros. Es ahí donde también entran la trata de personas y la explotación infantil en países africanos, latinoamericanos y asiáticos. Las cifras son aterradoras. Según el informe de 2016 de la organización Protecting Children in Tourism, 250 mil personas viajaron a nivel mundial para tener relaciones sexuales con menores.

Hay muchas variantes en juego: el privilegio del turista, las redes criminales alrededor de esta práctica en el país local, y el imaginario exotizante con el que se mueve, muchas veces, el turista. Con esto llega la propagación de estigmas, como en el caso de las mujeres colombianas, a quienes un sector de turistas norteamericanos han cosificado y cuyo país tiene un ratio alarmante de turismo sexual y explotación infantil. De hecho, el estadounidense Roosh V., microbiólogo residente en Maryland, publicó en 2012 un manual para acostarse con colombianas llamado “Bang Colombia: Textbook on How to Sleep With Colombian Women” en el que enseñaba a buscar mujeres en ámbitos universitarios. Pero el caso más reciente fue el del autonombrado coach de citas Austen Summers, que enseñaba en video a cómo acosar y abordar mujeres en Medellín. Summers propagaba los mismos estigmas: proyectaba a las mujeres colombianas como sumisas, dispuestas y siempre “ardientes”. Ante la publicación de su video, dos organizaciones feministas de la ciudad, Wikigrillas y Bolívar en Falda, lo denunciaron e impulsaron la campaña en redes sociales #MedellinIsNotYourBitch (Medellín no es tu perra) para reclamar acciones a las autoridades pertinentes.

“ Fueron muchísimas las personas que nos empezaron a contar sobre este sujeto. No teníamos conocimiento de que existiera ese modus operandi de turismo sexual enclosetado. No sabríamos si se podría catalogar así. Empezamos a investigar lo que nos mandaban. Nos pareció degradante, misógino. Fue una decisión unánime de actuar. Y las chicas de Bolívar en Falda vieron las historias y nos unimos, porque ellas ya tenían una investigación adelantada, ya habían hablado con abogados y ahí empezó todo”, dijo Laura Benítez, creadora de Wikigrillas, a Metro.

“Ahora bien, las denuncias las pusimos, pero decidimos, los dos colectivos, no hablar más del tema hasta tener una respuesta oficial de las autoridades. Pero esta campaña nos dio un orden y motivación, sobre todo con instituciones, para saber cómo actuar frente a casos así y a quién recurrir. Nuestros contenidos han estado orientados a derribar esos estereotipos de mujer que nos han hecho tanto daño”, enfatizó.

Por ahora, no se sabe más de Summers (que sigue con su página y canal de Youtube), aunque sí de más turistas estadounidenses que han querido hacer lo mismo, pero al menos en Medellín, una ciudad estigmatizada por el narcotráfico en años pasados, ya hay un precedente. Incluso, un turista británico fue expulsado de Colombia por inhalar cocaína en la tumba de Pablo Escobar.

Asimismo, en otros países, ya crece la turismofobia, donde hay un rechazo de los locales hacia estos visitantes que creen que pueden hacer lo que quieran sin consecuencias. En muchos lugares no hay regulaciones. Pero, ¿qué responsabilidad tiene el turista? Eso lo resume muy bien Dan Gamboa. “Para viajar hay privilegios. El punto es lo que haces con ellos”.


P&R

Dan Gamboa
nómada y arquitecto, residente en China.

Vemos a los begpackers, pero también a mucho turista desconsiderado. Incluso se toman selfies en lugares que merecen algo de respeto.

–Básicamente, es es el turismo. La actividad turística es una actividad de placer. Y está bien. El asunto pasa a otra especie de tamiz cuando el turista se acerca a renglones que no necesariamente pertenecen al círculo turístico. Hablo de política o guerra. Hay turistas que creen que es cool ir a Siria aún, pero hay que recordarles que no es buen momento para turistear. Esto pasa en lugares conmemorativos y donde sucedieron hechos lamentables, como Auschwitz, donde murieron millones de personas. Van con esta idea anterior y terminan tomándose una selfie allá. No es siquiera un asunto de privilegio, no sabría, pero sí considero que es un asunto de estupidez. Porque una de las cosas que tiene que reconocer como turista es que el turismo es un fenómeno de masas.

El turismo cree que es exclusivo, pero no lo es. Cada vez es más masivo. Pero precisamente, cuando hablábamos de que el turismo da felicidad, muchas personas, como los begpackers, específicamente, consideran que pedir dinero para financiar un viaje es financiarla. Y es básicamente la forma en la que hacen su chantaje emocional. En Seúl o en Hong Kong, ves que dicen “ ayúdame a cumplir un sueño” y le dan el dinero. Y está el local, que está en desventaja, por cuestión de privilegios no puede viajar fácilmente, porque tiene que trabajar tres veces más para ganar lo que el otro ahorró. Pero al primero le dan porque se proyectan en él: “Ah, el cumplió el sueño que siempre tuve”, dicen. Y le dan.

Hay viajeros que venden cosas en la calle, tocan guitarra para financiar su viaje. ¿Hay alguna diferencia entre ellos y los begpackers?

–Al final, es una forma también de pedir limosna para financiar su viaje. Cualquiera que sea en sí la forma. Tu no prestas un servicio real (aparte, como turista no puedes trabajar, por ley). Otra cosa es si haces un trabajo remoto, si prestas un voluntariado. Un trabajo de nómada. Pero otra cosa es amarrar tres hilos y vendértelo como artesanía. Ahora, el asunto no es el medio en cómo pides dinero sino el fin. Por qué estás pidiendo dinero. ¿Es para una necesidad, como dormir? ¿Darle algo a tus hijos, o viajar? Cualquiera que sea la forma, viajar no es una necesidad, es así de sencillo. Viajar es un lujo, un privilegio. Pero viajar como necesidad, no. Y particularmente hoy en día no es tan fácil hacerlo. Y si lo vas a hacer, ten en cuenta el contexto en el que lo harás. No te vas a poner a pedir dinero mientras tocas una guitarra al lado de una persona que literalmente se está muriendo porque eso es no entender el contexto en el que estamos. Puede que lo consideres trabajo, ¿pero qué necesidad suples con este?

¿Qué piensas de los turistas que usan también sus privilegios para cometer actos ilegales?

–Es, de nuevo: el asunto del turismo, particularmente con la explosión turística que hemos visto en los últimos años, ha hecho que este sea accesible para muchas personas, lo cual es fantástico. Se ha vuelto una gran actividad económica que rivaliza con otras que llevan años. Y en algunos países es una industria fuerte. Ahora, precisamente, el turista goza de la libertad del anonimato. Y está desconectado del lugar que lo acoge. Es una persona temporal. Precisamente, muchos se acogen a esto para realizar labores que van en contra de la ética, como la explotación sexual de mujeres o la prostitución infantil en el sudeste asiático, por ejemplo.

Esto hace que uno se replantee, muy en serio, si es que la actividad turística ha crecido más rápido que las instituciones y leyes para regularla. Porque lo que yo he visto como viajero en estos 12 años es eso, que el turismo se ha desarrollado a más velocidad de lo que los países huéspedes pueden adaptarse. Por otro lado, sí considero que hace falta, a nivel mundial, un acuerdo de turismo responsable. Porque esta actividad causa muchos impactos, sociales, culturales, ambientales, etc. De ambas formas, negativa y positiva. Y este acuerdo implica regular estas actividades y esos impactos, precisamente. Y en esto va lo legal, obviamente.¿ Por qué las prácticas de turismo se han desarrollado así? Porque a muchos sectores los agarró de sorpresa. Y ya se está dando la turismofobia. Ante la falta de regulación, mucha gente local lo está arreglando por su cuenta. Ya existe un rechazo hacia el turista, por prácticas que van desde la hipersexualización de las mujeres locales, como los begpackers, también. Todo al final se resume en eso: de qué forma exploto mis privilegios para salirme con la mía. Como soy blanco, en este país no me va a pasar nada, por ejemplo. Como soy hombre, puedo hacerlo. Ser blanco, hombre, en el momento de viajar, es un privilegio. Suena feo, pero lo es.


Fuente: METRORD https://www.metrord.do/do/destacado/2019/09/29/turistas-no-deseados-fenomeno-sin-control.html

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